En este escrito se pretende comentar algunos puntos del fantasma en la perversión, mirado desde el esquema 1 (esquema Lambda simplificado) que trae Lacan en el escrito de Kant con Sade para hablar del sadismo, en donde se puede hacer una relación entre el sadismo y el masoquismo, tomados como partes de un mismo conjunto, el de las perversiones.
(Lacan, escritos 2, p. 736)
Para comenzar, se plantea que entre sujeto y objeto hay una relación de al menos 2 más, es decir hay una “influencia” del Otro como dios o Ley divina y hay una inscripción por la madre donde se equipara al niño con el falo (niño = ϕ); Esto último puede interpretarse como, se instaura una falta de la madre que se representa en el niño como objeto de cuidado, la madre inscribe en el niño su deseo, así, del lado del niño, se le abren las posibilidades de elecciones frente a su deseo y la identificaciones con los significantes que va tomando de la madre, en este sentido, se abre la posibilidad de un horizonte, el de la cultura y la historia del niño que se constituye entre significantes más allá de lo subjetivo y en relación con el Otro.
Frente a esto dice Lacan (p. 536):
Todo el problema de las perversiones consiste en concebir como el niño, en su relación con la madre, relación constituida en el análisis no por su dependencia vital, sino por su dependencia de su amor, es decir, por el deseo de su deseo, se identifica con el objeto imaginario de ese deseo en cuanto que la madre misma lo simboliza en el falo. (Tomado de Eidelsztein, p. 205).
Como se dijo en el primer párrafo, hay una relación con el Otro. En la perversión, el sujeto perverso se ubica como objeto (falo), cree que es agente del Otro y debe cumplir su mandato, el Otro es visto como Dios y su mandato, en este sentido, En el fantasma del perverso hay una búsqueda, un recorrido para tachar al partenaire (pareja) que es visto, por ejemplo en el sadismo como víctima, que, “en el imperativo sadiano se deduce de la voluntad de sacrificar al otro, ordena el gozo para satisfacer la voluntad del Otro en su fantasma” (Cuasnicú, 2014, p.27)
En el esquema 1 podría leerse que hay un agente (ubicado en a) que obra de acuerdo al mandato divino y que tiene un efecto de borrar al otro o tacharlo, buscando así taponar la falla en el Otro, respondiendo a la pregunta de éste “¿Qué quieres de mí?”. Dice Eidelsztein:
Si el fantasma perverso, constituido como todo fantasma en el campo del Otro –tal como propone Lacan-. Se caracteriza por ser voluntad de goce, con ello no debemos entender que ella produce gozadores sino voluntarios y sacrificados servidores. El grito de los cruzados fue: “¡Deus lo vult!”, que significa: “Es la voluntad de Dios” (p. 222).
Tomando esta cita, se puede pasar ahora a hablar del esquema en cuanto sadismo. Sabemos que el perverso se ubica como objeto en la formula (a ◊ S), en donde encuentra el perverso el velo de su falta, es decir, al ubicarse como objeto, logra constituirse el fantasma como el agente que cubre la falta de “Dios”, aclarando que esto es dentro de un proceso de imaginarización por parte del perverso, es decir, en el sentido del fantasma. En el esquema esta relación se observa en la parte inferior.
Como se dijo en el inicio, es un esquema Lambda porque la relación no va solamente en dirección de la flecha, sino que hay una relación entre V y S, como también la hay en a ◊ S, en la siguiente imagen se enmarcan estas relaciones:
La relación del recuadro verde, donde hay una “d” como deseo del Otro hacia una causa que sería la posición del sádico, “a”, que es donde está ubicado el agente causante de la tachadura, luego, su relación con el sujeto tachado, sería una relación de doble implicación “◊“, dado que no se satisface por completo al agente ni percibe un borramiento suficiente en el S porque si se excede lo hace dejar de padecer por efecto de su muerte, y si el S es de estructura masoquista, o se ve algún placer en su partenaire, no lograría tacharlo a voluntad de su goce o del Otro.
Ahora, la flecha del esquema tiene una dirección que comienza con una voluntad de goce, del “a” al “V”, refiriendo a la intención del objeto (agente) en cuanto a su goce, es voluntad hacia el Otro como Dios, luego, está el cruce de esta flecha que indica que es necesario causar algo en el sacrificado (partenaire) que “él no quiera” para poder ser tachado. Entonces la segunda parte de la flecha representa la división del sujeto “S”, sujeto de la razón y el “S”, que en el sadismo es el sujeto patológico (sujeto del placer), así lo menciona Lacan “Esta división aquí reúne como S al sujeto bruto que encarna el heroísmo propio de lo patológico bajo la especie de fidelidad a Sade que van a atestiguar los que fueron primeramente complacientes con sus excesos” (Lacan, p. 740).
Entra ahora la relación entre V y S (recuadro café), en donde “V” es la voluntad que domina todo el asunto de esta relación (p. 736). El victimario desea causar una angustia en la victima pero que, si el victimario reconoce en el sujeto que no está angustiado, es decir, si es fiel a Sade, el victimario no estaría cumpliendo su trabajo, no estaría como voluntario del goce, En el sentido de Kant con Sade,
Esa Ley que Kant nos muestra en su pureza formal y que agobia al sujeto con su ferocidad pareciera carecer de objeto (de contenido, de pathos) y, sin embargo, lo vemos reaparecer travestido en el agente del tormento, como objeto causa. Quiero decir que lo inaccesible de la esencia de la libertad, de la Cosa-en-sí, del Bien supremo, se revela en la experiencia sadiana como gozo existencial, como gozo de infligir al otro “el dolor de existir”. Quiero decir que el Bien kantiano se equipara, en el sistema de Sade, con el Mal absoluto (Cuasnicú, p. 32).
Podría decirse en este sentido que el fantasma del Sadismo, no es por necesidad que se disponga un S, más bien, es un asunto del deber, en donde el sádico, por la ley incognoscible moral del Otro, se hace objeto, se hace agente de tormento.
Esto permite pensar que el victimario no produce un masoquista, ni es posible una relación duradera entre sadismo y masoquismo, porque el deber del agente de tormento es infligir al otro el “dolor de existir”, que debe producir un gozo y para ello el victimario debe padecer. En este sentido, tendría el masoquismo un esquema también en función de la voluntad de gozar, siendo el masoquista el que se posiciona como el objeto de su deseo, buscando en el Otro una respuesta, citando a lacan (1962-1963):
El masoquista, como les dije la última vez, ¿cuál es su posición? ¿Qué le enmascara su fantasma de ser el objeto de un goce del Otro?- que es su propia voluntad de goce, porque después de todo el masoquista no encuentra forzosamente su pareja […]. ¿Qué enmascara esta posición de objeto-sino equipararse él mismo, ponerse en la función de la piltrafa humana, de aquel pobre desecho de cuerpo separado que nos presentan aquellas telas? Por eso digo que el goce del Otro al que apunta es fantasmática. Lo que se busca es, en el Otro, la respuesta a esa caída esencial del sujeto en su miseria final, y dicha respuesta es la angustia p. 178).
Ahora, se entiende por esto que el masoquismo no es el negativo de la perversión, más bien, si tuviera que ubicarse, sería en el conjunto de las perversiones, entonces, el masoquismo podría explicarse también con este esquema pero con un cuarto de vuelta, sería el esquema 2 de Kant con Sade (p. 740)
Un cuarto de vuelta, sería pasar del I al II, por medio de un giro en la siguiente imagen.
Para concluir con estos comentarios frente a los esquemas 1 y 2, se tiene esta cita de Lacan que refiere al Sádico y al Masoquista (Lacan, libro 10, p. 192):
Del lado del sádico, observación análoga. Lo patente es que el sádico busca la angustia del Otro. Lo que aquí se enmascara de este modo es el goce del Otro.
Nos encontramos pues, entre sadismo y masoquismo, en presencia de lo que se presenta como alternancia. Lo que en cada uno de ellos está en el segundo nivel, velado, oculto, aparece en el otro como meta. Hay ocultación de la angustia en el primer caso, del objeto a en el otro. No por ello se trata de un proceso inverso, de una inversión. El sadismo no es el reverso del masoquismo. No es una pareja reversible. La estructura es más compleja. Aunque hoy solo aísle dos términos, puedes ustedes presumir, de acuerdo con muchos de mis esquemas esenciales, que se trata de una función de cuatro términos, una función cuadrádica. El paso de uno a otro se lleva a cabo mediante una rotación de un cuarto de vuelta, y no por una simetría o inversión (Citado en Eidelsztein, p. 205).
En el masoquismo tenemos entonces ya no un victimario sino un humillado que tiene el deseo de (a ◊ S) aburrir, cansar al sujeto, esta sería su forma de voluntad de goce, su forma de taponar la falla del Otro y de tachar al S del placer.
Referencias.
Cuasnicú, R (2014, Agosto). Apuntes filosóficos para una lectura de “Kant con Sade”. El rey está desnudo, (7), 25-35.
Eidelsztein, A. (2008). Capítulo 10: Las perversiones. En Las estructuras clínicas a partir de Lacan (2ª ed., Vol. II, pp. 199-219). Buenos Aires, Argentina: Letra Viva.
Lacan, J. (1962-63). Libro 10: La angustia (3ª ed., Vol. I). Buenos Aires, Paidós, 2007.
Lacan, J. (1966). Kant con Sade. En Escritos 2 (3ª ed., Vol. II). Buenos Aires, Siglo Veintiuno, 2009.
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