INTRODUCCIÓN
La concepción de salud mental ha evolucionado más allá de la mera ausencia
de enfermedad para abarcar una noción más amplia de “bienestar integral”.
Gilles Deleuze ha ofrecido perspectivas profundas sobre lo psi, yendo en otro
sentido a las nociones convencionales y explorando las complejidades de la
existencia humana. Desde la filosofía de Spinoza, Deleuze, refiere que la
sustancia se manifiesta en una multiplicidad de modos y allí se encuentra un
terreno fértil para comprender la salud en un sentido rizomático.
En este ensayo, se propone explorar cómo los conceptos de los modos de la
sustancia de Spinoza, tal como son reinterpretados por Deleuze, pueden arrojar
luz sobre la salud mental y su relación con lo psi. Se relacionará también con
los temas de mismidad y otredad, así como en la dinámica entre normalidad y
anormalidad, buscando trascender las limitaciones de las definiciones estáticas
y binarias.
Pregunta
¿El bienestar podrá hacerse al
incluir nuevos y otros modos de la sustancia?
Objetivo de conocimiento
Explorar las nociones de normalidad y anormalidad entre el Spinoza de
Deleuze y algunos autores trabajados durante el curso de psicología y discurso
médico.
Metodología
Se iniciará el texto abarcando algunas definiciones sobre la filosofía de
este Spinoza, a medida que avance el texto se harán relaciones con otros
autores y se desarrollará el concepto de salud mental para llevar el texto sobre
el sentido de la mismidad y la otredad, llegando al final a algunas
conclusiones.
DESARROLLO
Spinoza concibe la realidad como una única sustancia infinita compuesta por
infinitos atributos, y todo lo que existe es un modo o una determinada manera
en que la sustancia se manifiesta (Gilles Deleuze,1984, p. 27). Los modos son
expresiones finitas y contingentes de la sustancia, y cada modo tiene su propia
esencia y poder, de existir y actuar. Desde esta perspectiva, la salud puede
entenderse como la manifestación de modos que aumentan la capacidad de existir
y actuar en armonía con la sustancia.
Deleuze, en su
reinterpretación de Spinoza, enfatiza la importancia de comprender la
multiplicidad y la complejidad de los modos de la sustancia. Para Deleuze, cada
modo tiene su propia singularidad y potencia única, aunque sea una sola
substancia, es a partir de la idea que surge el individuo, cada uno tiene su
idea, dice: “una misma modificación se expresa por un modo en cada
atributo, cada modo formando un individuo con la idea que lo representa en el
atributo pensamiento” (p. 89)
De
aquí que, el concepto de salud mental sea la capacidad de un sujeto (modo)
para conectarse con ciertas potencias y multiplicidades (otros modos). Si se considera
la constitución del sujeto como modos de modos que conforman la substancia,
estas relaciones van a conformar la salud y/o la enfermedad. En el contexto de
lo psi, los modos de la sustancia pueden proporcionar una forma alternativa de
entender la salud mental y emocional, en lugar de enfocarse únicamente en la
corrección de síntomas o la eliminación de trastornos, los agentes psi pueden
explorar cómo los pacientes-sujetos pueden conectar con sus potencias para
aumentar su vitalidad y bienestar o viceversa, porque aquí también se puede
invitar a encontrar aquello que hace sufrir, hacer con ello. Esto puede
implicar un proceso de exploración que facilite expandir la capacidad de
existir y actuar en el mundo, con el Otro.
Lo anterior puede relacionarse con lo que refiere Gadamer (2001) en su
texto El estado oculto de la salud, quien permite considerar que la
salud no puede limitarse simplemente a la aplicación de métodos científicos
para estudiar al padeciente, el caso y el comportamiento humano, sino que debe
situarse en el contexto más amplio de la comprensión y la interpretación.
Gadamer refiere frente al quehacer médico:
Consiste en hablar al otro de buen modo, en no forzarlo, en no importunarlo
con algo ni obligarlo a aceptar algo, por ejemplo, una medida o una
prescripción. Ya se trate de la forzosa aplicación de las normas de los
aparatos de medición modernos, del despotismo educativo de un funcionario
escolar o de la furia autoritaria de un maestro o un padre, cualquiera de estas
situaciones significa desconocer al otro en su ser-diferente (p. 125)
Aquí, lo psi toma otra vertiente, alejada del positivismo, que busca
comprender las experiencias humanas en su totalidad, reconociendo la
importancia de los contextos culturales, históricos y lingüísticos en la
formación de la subjetividad y la identidad. En relación con la noción de
Spinoza de los modos de la sustancia, la perspectiva de Gadamer enfatiza la
importancia de la interpretación y el diálogo en la comprensión de la
experiencia humana, más allá, de la ausencia de trastornos o síntomas e implicar
potencias y multiplicidades, y permitir ser.
Siguiendo esta línea de reflexión, Fernando Savater (1988) en su capítulo
"Enfermedad Mental o Enfermedad Moral" del libro Ética como amor
propio, profundiza en la compleja relación entre la salud mental y el
juicio moral. Savater puntualiza:
Tanto la reflexión moral como el conocimiento psiquiátrico pueden ser
destinados a usos fundamentalmente represivos, como, por ejemplo, convertir la
disidencia política o sexual en un problema de electrochoques o considerar
cualquier manía como indicio de posesión diabólica. Pero también pueden ser
empleados para devolver al sujeto el sentido de su responsabilidad y ayudarle a
elegir conscientemente su estrategia vital (p.285)
Desde una perspectiva ética, Savater argumenta que la enfermedad mental
plantea desafíos significativos para la comprensión de la responsabilidad moral
y la autonomía individual. Se explora la tensión entre el tratamiento médico de
la enfermedad mental y la necesidad de mantener un sentido de responsabilidad
personal y moral. Si bien es importante reconocer y tratar las enfermedades
mentales como condiciones médicas, también es necesario mantener un sentido de
responsabilidad y compromiso con los propios valores y principios éticos. La
salud mental resulta aquí en un aspecto fundamental de nuestra capacidad para
vivir una vida ética y auténtica, teniendo presente lo que se entiende por
normalidad y locura en el mundo occidental, donde la locura (otredad) sería el conjunto al que una
sociedad no quiere pertenecer, en otros términos, se pretende una normalidad (mismidad)
muy estructurada, en este conjunto se reúnen significantes que unen lo conocido
y excluyen lo diferente, por ejemplo, la exclusión que se hace con lo
esquizofrénico, lo psicótico, lo trans, lo no binarie… en los tiempos
contemporáneos; plantea Savater citando a Spinoza, lo siguiente:
[…] mecanismos semejantes de la denominada “locura” y el denominado
“vicio”. En uno y otro caso se da el predominio de ideas inadecuadas
provenientes de la imaginación, delirios o manías que si son tenidos por
locuras reciben más que burlas o segregación, pero si son considerados como
vicios resultan comúnmente odiosos. […] Vemos hombres afectados de tal modo por
un solo objeto que, aunque no esté presente creen tenerlo a la vista, y cuando
esto le acaece a un hombre que no duerme decimos que delira o está loco. Y no
menos locos son considerados […] los que se abrasan de amor, soñando noche y
día solo con su amante o meretriz (p. 283-284).
Aquí, la mismidad se ve afectada por la sobrevaloración o la obsesión con
ciertos objetos o ideas, ha perdido el contacto con su identidad propia y con
la realidad objetiva, lo que se podría interpretar como una ruptura de la
mismidad.
Por otro lado, la otredad también juega un papel importante. La sociedad
etiqueta y estigmatiza a aquellos que se desvían de las normas sociales
aceptadas. Si estas obsesiones se consideran como "locuras", los
individuos pueden enfrentarse a la burla o la segregación, mientras que, si se
perciben como "vicios", son vistos como moralmente censurables u
odiosos. En ambos casos, la persona afectada se convierte en "otro",
diferente y separado del resto.
Mismidad y Otredad
Fernandez (2009) , frente a la mismidad y la otredad dice:
Europa comienza, junto con la Conquista, un proceso que podemos llamar,
siguiendo a Said, de “orientalización” y “latinoamericanización”
(“occidentalización”) de los otros. Este es el punto de partida de las
identidades modernas: la separación, la división de aguas, en donde es
necesario primero que Europa se invente una representación de sus otros
(primero los americanos, luego los orientales), para poder afirmarse en sí
misma, para poder afirmar una identidad que ya ha quedado encerrada por límites
y fronteras que la protegen de ese exterior. La Mismidad produce a su Otredad
para reafirmarse, para encerrarse en su propia identidad (Sección Contextos,
lugares y posiciones párrafo 3).
En el contexto de la salud mental, esta dinámica puede manifestarse en la
medicalización de ciertas experiencias culturales o en la imposición de normas
y estándares occidentales como universales, lo que puede resultar en la
invalidación de las experiencias y prácticas de salud mental de otras culturas.
Además, la división entre la "Mismidad" y la "Otredad"
puede contribuir a la exclusión y la discriminación, generando barreras para
acceder a servicios de salud mental culturalmente adecuados y sensibles.
Retomando al Spinoza de Deleuze, ¿qué pasaría si se comienza a tomar a eso
otro como una parte más?, si se le va incluyendo, si se pasan algunos
significantes del conjunto “otredad” al de “mismidad”. Se enfatiza aquí en la
idea de que cada individuo es una expresión única de la sustancia y que la
multiplicidad de modos constituye la totalidad, para decir que la inclusión de
lo "otro" como una parte más dentro del conjunto de la
"mismidad" podría tener varias implicaciones interesantes:
La noción de "mismidad" se ampliaría para incluir una diversidad
de experiencias, perspectivas y formas de ser. Esto enriquecería la comprensión
del “uno mismo” como parte de un continuo interconectado de modos de la
sustancia, donde cada individuo es tanto singular como en “immixtion” con lo
demás. La inclusión de lo "otro" como parte de la
"mismidad" desafiaría las categorías tradicionales de identidad y
alteridad, promoviendo una visión más inclusiva y relacional de la existencia.
Además, esta inclusión podría conducir a una mayor apertura y creatividad
en la forma de las relaciones. Al reconocer la multiplicidad de modos de la
sustancia, se abrirían nuevas posibilidades de encuentro y colaboración entre
individuos(modos) diversos. Esto podría fomentar la generación de nuevas ideas,
perspectivas y formas de ser que enriquecerían tanto la experiencia individual
como la colectiva.
Sin embargo, el sujeto contemporáneo se enfrenta al efecto de la
marginación estructural, el "otro" en sistemas sociales, políticos y
económicos que dificulta su inclusión plena en la "mismidad". Las
estructuras de poder existentes a menudo perpetúan la exclusión y hacen que sea
difícil para los grupos marginados ser aceptados como miembros iguales de la
sociedad. La sociedad puede etiquetar a ciertos grupos como
"diferentes" o "inferiores", lo que dificulta su aceptación
como parte integral de la identidad colectiva. Estas barreras se ven agravadas
por los conflictos de identidad que experimentan los individuos que son
considerados como el "otro", ya que intentan reconciliar su identidad
cultural o subjetiva con la identidad dominante impuesta por la sociedad. Considerando
esto, Canguilhem en su libro Lo normal y lo patológico (1971) argumenta
que la salud no puede ser comprendida de forma aislada, sino que surge de la
interacción dinámica entre el individuo y su entorno, refiere:
Aquello
que es normal —por ser normativo en condiciones dadas— puede convertirse en
patológico en otra situación si se mantiene idéntico a sí mismo. El individuo
es el juez de esta transformación porque es él quien la padece, en el preciso
momento en que se siente inferior a las tareas que la nueva situación le propone
(p.138).
Aquí, la mismidad
representa la identidad única y la integridad del organismo, mientras que la
otredad abarca las fuerzas externas y los desafíos diversos que confronta. En
este marco, la enfermedad no es simplemente una desviación de la norma
biológica, sino una manifestación de la capacidad del organismo para adaptarse
y responder a estas fuerzas externas. Por lo tanto, la curación no implica
simplemente la restauración de un estado de equilibrio interno, sino también el
restablecimiento de la armonía entre la mismidad del individuo y su entorno.
Desde esta perspectiva, la salud se concibe como “una manera de
abordar la existencia sintiéndose no sólo poseedor o portador sino también si
es necesario creador de valor, instaurador de normas vitales” (p. 153); un
estado dinámico de equilibrio y adaptación, donde la interacción entre la
mismidad y la otredad promueve la vitalidad y el bien-estar.
CONCLUSIÓN
· En
conclusión, la relación entre los modos de la sustancia y la salud desde la
perspectiva de Spinoza y Deleuze nos invita a considerar la salud como un
proceso dinámico y creativo de conexión con las potencias y multiplicidades de
la realidad. Desde esta perspectiva, el agente psi puede desempeñar un papel
fundamental en la exploración y expansión de los modos de la sustancia que
permitan existir y actuar de manera más plena y auténtica en el mundo.
·
la resistencia hacia la inclusión del
"otro" dentro de la "mismidad" en el ámbito de la salud
mental refleja no solo desafíos estructurales, sino también prejuicios
arraigados y sistemas de poder que perpetúan la exclusión y la discriminación.
Superar estas barreras exige un compromiso continuo con la justicia social y la
equidad, así como una reflexión profunda sobre nuestras propias identidades y
privilegios. Al reconocer y abordar activamente estas dinámicas, podemos
trabajar hacia un sistema de salud mental más inclusivo y sensible que
garantice el bienestar psicológico.
· La
reflexión sobre la "mismidad" y la "otredad" también invita
a cuestionar los paradigmas tradicionales en lo psi y a considerar nuevas
formas de entender y abordar las experiencias humanas. Al ampliar nuestras
concepciones de lo que es "normal" o "saludable", podemos
desafiar los sesgos culturales y sociales que han influido históricamente en la
teoría y práctica psi.
REFERENCIAS
Canguilhem, G.
(1971). Lo normal y lo patológico. Buenos Aires, Argentina: Siglo Veintiuno Editores.
Deleuze, G. (1984).
Spinoza: filosofía práctica. Buenos Aires, Argentina: Fábula Tusquets.
Fernández, G. (8 de
octubre de 2009) identidad y diferencia en el mundo contemporáneo. La
(e)lección de Jemmy Button. http://laelecciondejemmybutton.blogspot.com/2009/10/mismidad-y-otredad-identidad-y.html
Gadamer, H.-G.
(2001). El estado oculto de la salud. Barcelona, España: Gedisa.
Savater, F. (1988).
Ética como amor propio. Barcelona, España: Editorial Ariel.
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