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Primera lectura sobre La perturbación psicógena de la visión según el psicoanálisis (1910)

 Freud menciona que con la hipnosis es posible llevar, por medio de la sugestión, a perder la visión momentáneamente, sin embargo, se pregunta por la autosugestión en la histeria, Dice:

 

En la histérica, la representación de estar ciega no nace instilada por el hipnotizador, sino de manera espontánea, por «autosugestión» como suele decirse; pero en ambos casos esa representación es tan intensa que se traspone en efectiva realidad, tal y como sucede con una alucinación, una parálisis y otros fenómenos sugeridos (p. 209). 

 Con esto procede a decir que es un proceso inconsciente relacionado con una representación intensa que se puede comportar como sugestión y trasponerse en la realidad, es decir, esta perturbación tiene un carácter inconsciente. Sin embargo, para Freud esto no es suficiente y hace notar que este proceso en la histeria puede tener relación con una relación recíproca entre fuerzas de lo consciente y lo inconsciente en el acto de ver porque el asunto aquí es que de forma inconsciente pueden ver, es decir, hay algo que no se permite entrar en el campo de visión, con esto, es la razón justificada del por qué no ven en la realidad, por el afecto que carga ese “no querer ver”, que podríamos nombrar como represión fracasada, por lo tanto, deviene el síntoma con la pérdida del imperio consiente sobre el ojo. 

Complementando esto, dice: 

En cuanto al ojo, solemos traducir del siguiente modo los oscuros procesos psíquicos sobrevenidos a raíz de la represión del placer sexual de ver y de la génesis de la perturbación psicógena de la visión: Es como si en el individuo se elevara una voz castigadora que dijese: «Puesto que quieres abusar de tu órgano de la vista para un maligno placer sensual, te está bien empleado que no veas nada más», aprobando así el desenlace del proceso (p.214). 

Resulta entonces que el texto trae algunas puntualizaciones frente a las pulsiones, la represión y el síntoma en este fenómeno de la histeria que no descarta, este principalmente causado por lo orgánico. 

En cuanto a las pulsiones:

         El fenómeno pone en juego dos diferentes pulsiones, unas pulsiones sexuales y unas pulsiones yoicas, cabe resaltar que estas últimas parece ser que son por primera vez mencionadas en el trabajo de Freud, convirtiéndose en un aporte significativo en su obra nombrándolas de autoconservación y orgánicas, refiere Freud a estas como las pulsiones de “hambre” y “amor”, de “acción eficaz dentro de nuestra alma” (p. 212).  Mientras que las pulsiones sexuales están compuestas por pulsiones parciales (singulares) porque se adhieren a las excitaciones de regiones del cuerpo, en este caso el ojo (de forma consciente). Este conjunto de pulsiones son las que deben ser reguladas, que la cultura sofoca y busca que sean guiadas hacia metas superiores. En este sentido el fracaso de la represión de éstas, podría ser el fracaso del neurótico en la cultura, falla porque no puede hacer de sus pulsiones sexuales algo acorde a la cultura, para Freud (p. 213).

Bien, la relación de ambas pulsiones tiene que ver con la lucha entre el yo y las pulsiones sexuales, procurando mantenerlas controladas (como pasa en las neurosis y luego desencadenan síntomas cuando no se logra). Este Yo para Freud está amenazado por estas pulsiones, por lo que procura, por medio de la represión un éxito, el de reducir las pulsiones sexuales, sin embargo, cuando la represión falla trae como consecuencia formaciones sustitutivas de lo reprimido y penosas formaciones reactivas del Yo (p. 213). Para elaborar un poco más esta relación Freud va a decir:

 

Averiguamos que cada pulsión busca imponerse animando las representaciones adecuadas a su meta. Estas pulsiones no siempre son conciliables entre sí; a menudo entran en un conflicto de intereses; y las oposiciones entre las representaciones no son sino la expresión de las luchas entre las pulsiones singulares. De particularísimo valor para nuestro ensayo explicativo es la inequívoca oposición entre las pulsiones que sirven a la sexualidad, la ganancia de placer sexual, y aquellas otras que tienen por meta la autoconservación del individuo, las pulsiones yoicas (p. 211) 

         Cuando se habla de lo orgánico y su conexión con las pulsiones, el psicoanálisis que se propone en este texto no se limita únicamente a los órganos sexuales, ni a los que refieren a etapas del desarrollo psicosexual como la boca y el ano; aquí, se propone un servicio, el de los órganos y partes de órganos para las pulsiones (tanto yoicas como sexuales), por tanto, si un órgano sirve más a una pulsión, la otra se verá limitada, así se plantea una dualidad en tanto función del órgano, dice, “ en este punto se confirma que a nadie le resulta fácil servir a dos amos al mismo tiempo” (p. 213). 

Con esto abordado, pasemos a lo que dice Freud en cuanto al fenómeno como tal,

 

Si la pulsión sexual parcial que se sirve del «ver» -el placer sexual de ver- se ha atraído, a causa de sus hipertróficas exigencias, la contradefensa de las pulsiones yoicas, de suerte que las representaciones en que se expresa su querer-alcanzar cayeron bajo la represión y son apartadas del devenir consciente, queda perturbado el vínculo del ojo y del ver con el yo y con la conciencia en general. El yo ha perdido su imperio sobre el órgano, que ahora se pone por entero a disposición de la pulsión sexual reprimida (p. 214)

 

Esto es como si el ojo le hablara y dijera, si para eso me vas a usar, mejor no funciono, te dejo ciego; esto en una lógica de las pulsiones del yo como vengativa o como efecto de tomar control sobre el órgano, que dominado por lo sexual, el Yo debe hacer esfuerzos como todo buen neurótico moralista para que eso malo que está viendo o que vio, no se vuelva a ver. 

Entonces en cuanto a síntomas, en este texto se resalta la lucha entre pulsiones y que reposan en lo orgánico, esta lucha impide el desarrollo adecuado del sujeto de Freud en la cultura de Freud (falocéntrica), por lo que caer en neurosis podría ser impedirse trabajar y producir.

 

Por otra parte, Freud deja la inquietud

 

Si la sofocación de pulsiones sexuales parciales, producida por obra de los influjos vitales, basta por sí sola para provocar las perturbaciones funcionales de los órganos, o bien deben preexistir constelaciones constitucionales, las únicas que moverían a los órganos a exagerar su papel erógeno y de ese modo provocarían la represión de las pulsiones. Y en esas constelaciones veríamos la parte constitucional de la predisposición a contraer perturbaciones psicógenas y neuróticas. Se trata de aquel factor que con relación a la histeria he designado provisionalmente como «solicitación somática» de los órganos (p. 216). 

De este último párrafo se podría pensar que Freud reconoce al cuerpo de la histeria como soporte de lo psíquico, que los órganos erogenizados dan sentido a sus fenómenos “psicógenos y neuróticos”, los que llegan al órgano porque el organismo los causó.

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