Pensar en los ideales de la sociedad como determinantes para una "normalidad", implica que cada asunto rizomático que surja en el sujeto sea cuestionado, precisamente en la relación de sus raices, como preguntándose, por qué, en esta relación no se está arborizado; el sujeto, al verse en singularidad, en creación, como maquina abstracta, señala sus fallas acordes a estos ideales propuestos y al insistir en ese sentido, hace aparecer "pasiones tristes", malestar "subjetivo" (este entrecomillas porque así le llamamos los psi con fines prácticos, pero seguramente el padecimiento, en especial, neurótico es compartido)... todo esto de síntomas y particularidades que en los manuales DSM son partes de síntomas, es decir, enfermedades que se han formado porque en la relación (sujeto) entre paciente y agente de la "salud mental" aparece siempre la queja, jerarquizada, por un lado del padecer del paciente y por otro, la del agente que señala lo que no encaja en el ideal de normalidad, el síntoma hace rizoma y el regimen establecido lo hace árbol, lo ubica en el manual, le limita la posibilidad de ser adventicio.
Dicen Deleuze y Guattari,
Ser rizomorfo es producir tallos y filamentos que tienen el aspecto de raíces, o mejor aún se conectan con éstos, penetrando en el tronco, libres para servir a nuevos usos extraños. Estamos cansados del árbol. No debemos creer ya en los árboles, en las raíces ni en las raicillas, hemos sufrido demasiado por ello. Toda la cultura arborescente se basa en ellos, desde la biología hasta la lingüística. Al contrario, nada es bello, nada es amoroso, nada es político excepto los tallos subterráneos y las raíces aéreas, lo adventicio y el rizoma. (1996, p. 26).
Esta idea del rizoma adecuada para el "sujeto" y sus "síntomas", permite alejar al sujeto de la individualización, permite hacer unión de conjuntos, así, el enfermo mental, el loco y el diferente podrán hacerse de nuevo con el navío, extender sus raíces, producir maquinas abstractas. Para ello ha de existir un dispositivo, un encuentro con la singularidad, una posibilidad de producción que no sea de ideales, más bien, ubicada en las posibilidades que van surgiendo de las raíces-extremidades, esto al considerar que,
La forma arborescente admite una explicación topológica. ( . . . ) . En un sistema jerárquico, un individuo sólo admite a un vecino activo, su superior jerárquico. ( . . . ) Los canales de trasmisión están preestablecidos: la arborescencia preexiste al individuo que se integra en ella en un lugar preciso" (Deleuze et al. p. 27)
Por lo que, volviendo a la tortuga, sería interesante procurar que una práctica psi llevara de una tortuga de tierra a una de mar, y no una tortuga a un tiburón hambriento de éxito, que no está terrible, pero sí es un asunto que no produce un silogismo sencillo; pretender hacer de la tortuga unicamente un cazador de oportunidades, es quitarle la posibilidad al sujeto de tener un caparazón, de huir o de esconderse y tener como término medio (de la composición de un silogismo, es decir, como predicado que está en todas las premisas) al capitalismo y a sus ideas, arborizar las posibles relaciones que tiene el sujeto con los predicados. Considero que procurar hacer de un tiburón una tortuga, sería también complicado, y más si no se le reivindica (interpretan) sus signos, su valor más allá de lo cazador, así, un tiburón no es solo cazador y una tortuga puede ser cazadora, entendidos en rizoma, me refiero a que promover la singularidad puede provocar esto, que en sus diferentes formas se pueda hacer con lo que se tiene, como consecuencia, tendrá sentido, puede que como silogismo, puede también como producción de singularidad que los animales implicados en el sujeto (sin desconocer que pueden ser varios, incluso humanos y discursos), funcionen para algo, y no solamente como demanda de un ideal inalcanzable.
Se me ocurre pensar en las simbolizaciones lógicas para hablar en el sentido de la práctica psi, cuando se pretende explicar la relación entre dos premisas (p, q, r, s...) y el sentido mismo de éstas, pareciera que el sistema en que se desenvuelve lo psi imperante, es llevar las premisas donde los símbolos (disyunción, negación, conjunción...) a término, se tradujeran las premisas a un bicondicional (↔), es decir, se esperará del paciente-usuario que se diera por hecho lo que padece, cada "interpretación" da como resultado que los síntomas tienen una causa y un efecto; esta traducción de las premisas del paciente convierte, corta, de forma jerarquíca lo rizomático.
Por ejemplo, podría pensarse en las diferentes premisas que el sujeto va relacionando, en este caso, para su malestar, que se hacen notar a medida que habla en su espacio "terapeútico", combinaciones de cualquier tipo, que dan como resultado "malestar",
puede ser, (P ∧ Q, P ∨ Q, ¬P, ¬Q...) → "Malestar".
entonces, esto psi en el espacio "terapeútico" es traducir todo esto del malestar en relación de causa-efecto, asumiendo que el malestar es solo causado por la interpretación que le da al discurso del paciente, lo que impide dar con otras combinatorias,
"malestar" ↔ "causa- efecto dado por la interpretación"
Deleuze, G y Guattari, F, Rizoma (1994). Rizoma. Ediciones Coyoacán.
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