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Aproximaciones sobre la identificación cultural y su relación con la subjetividad.

 En lo que respecta a la vida humana y su recorrido histórico, se puede decir que ha sido frecuente la insistencia de las sociedades por limitar los comportamientos, señalar al
diferente y convencerse y convencerlo de que éste tiene algo mal y que debe ser aislado y tratado, ya que puede ser un problema para el progreso científico, económico, religioso y de las buenas costumbres constituidas en cada época de la historia. Esta forma de actuar en sociedad, es decir, de aislar al extraño, ha causado efectos en las costumbres, en las formas de relacionarse, la cultura y las políticas que rigen los países occidentalizados, en donde se promueve la otredad y la mismidad como identificaciones binarias que definen lo que pertenece a un grupo y lo que no. Aparentemente, se omite que hay un “entre” en estos dos conceptos, en la historia de la humanidad no se logra percibir con claridad que se acepte al otro y se construyan subjetividades tomando parte de ese Otro, más bien, lo que se repite, es el rechazo del diferente y asumir lo propio como lo único y lo correcto.  Fernández (2009), respecto a este asunto comenta en su texto, Mismidad y Otredad: Identidad y diferencia en el mundo contemporáneo que:

 Europa comienza, junto con la Conquista, un proceso que podemos llamar, siguiendo a Said, de “orientalización” y “latinoamericanización” (“occidentalización”) de los otros. Este es el punto de partida de las identidades modernas: la separación, la división de aguas, en donde es necesario primero que Europa se invente una representación de sus otros (primero los americanos, luego los orientales), para poder afirmarse en sí misma, para poder afirmar una identidad que ya ha quedado encerrada por límites y fronteras que la protegen de ese exterior. La Mismidad produce a su Otredad para reafirmarse, para encerrarse en su propia identidad (Sección Contextos, lugares y posiciones párrafo 3).

Esto que llama Fernández, mismidad y otredad hace referencia a la importancia que tiene la relación con los otros para poder saber a qué y a quienes pertenecemos, en qué lugar nos ubicamos para identificarnos y diferenciarnos de los otros, de allí que las creencias, ideales y vínculos que formamos con los otros estén ligados al discurso que se mantiene entre generaciones y formas culturales. Por esto, es que la dirección de este ensayo se dirige a reconocer en la cultura su influencia sobre aspectos que afectan a los sujetos que están inmersos en ésta

Se puede decir que no somos individuos que tomamos decisiones sin influencia alguna del otro, siempre hay algo allí que ya ha hecho efecto en nuestro supuesto Yo. Retomando a Fernández, “Si el Yo es una máscara, Yo puedo ser también el Otro, el Yo puede ponerse la máscara del Otro. Esta intercambiabilidad hace de la singularidad una máscara y, entonces, hace de la singularidad algo común” (Sección Conclusión párrafo 1).

Considerar al discurso de una cultura como una estructura permite reconocer su influencia en la formación de identidad de un sujeto y permite que disciplinas psi puedan tomar participación en el tratamiento de los problemas emocionales y mentales, tomando al lenguaje como un factor importante, como otra vía de tratamiento y análisis de las enfermedades que se conocen ahora como mentales y emocionales, pretendiendo tomar la vía de la palabra como medio de “curación”, más allá de estar limitados legalmente para prescribir fármacos y pensar solamente en factores biológicos o neuroquímicos de las enfermedades mentales. Esto de incluir al lenguaje, va a permitirles desarrollar, aplicaciones diversas para los “enfermos” de la psique y analizar los efectos del contexto cultural en estos. Por otra parte, podría tomarse como la influencia del contexto para los mismos profesionales que atienden estos casos de enfermedad, es decir, no es sin el lenguaje que algunos se permitan decir, “los padres tienen gran influencia en el comportamiento del niño” o que se incluyan conceptos como el inconsciente, la represión e incluso las pulsiones en los discursos de éstos y los que son tratados en las sociedades occidentalizadas.

Con esto presente, se puede pensar en la idea del discurso y su efecto en la cultura, y reconocer, en su función estructural, que habrán creencias, costumbres e ideales que van a hacer que los sujetos se identifiquen y formen su yo a partir de lo que se les ha dicho en las instituciones con las que conviven como la familia, la escuela, la empresa o el estado, y estos discursos promuevan de forma consciente o inconsciente comportamientos que pueden dirigirlos hacia lugares establecidos por la cultura, donde insistan y permanezcan por los significantes que supondrán propios, como ejemplo está el ser “berraco” en el discurso antioqueño y que esto pueda ser asumido como motivación a emprender y avanzar a pesar de las dificultades, o como perpetración del discurso machista e impida incluir prácticas contemplativas y de pasividad por considerarse fuera de lo “berraco”, así como cualquier otro tipo de transformación que pueda surgir en relación a esta palabra, haciendo referencia a la los valores antioqueños, Lenis (2014) menciona que:

Antioquia no respira sino sus propios valores. Y son esos valores los que habría que resaltar teniendo en cuenta que su empuje, “berraquera” y tesón, los han llevado a ocupar un lugar importante y a ser reconocidos en Colombia como capital industrial y pionera de importantes logros, no sólo en el aspecto comercial, sino también en campos como el arte y la medicina, no reconocidos, ni valorados en otra época (Sección “el regionalismo antioqueño” párrafo 6).

 Y continúa al respecto ejemplificando un posible efecto diferente de estos valores:

Es esa mentalidad cultural tan marcada en ideales, creencias, y en el forjar la riqueza transmitida por los padres a través del consejo al decir al hijo: “Consigue plata honradamente, y si no… consigue plata”, la que también a llevado a gran número de individuos a formarse como delincuentes, a constituir bandas, a crear personajes dueños y señores de media comunidad, con el poder y la riqueza suficientes para destruir y fomentar el delito, pero también para suplir las necesidades de las que es responsable el Estado y a las cuales ha desatendido (sección el “regionalismo antioqueño” párrafo 8).

Lo descrito anteriormente, permite interpretar que lo que va a hacer que una persona o grupo social se identifique más o menos con las significaciones de una región será, precisamente, su inscripción en el discurso histórico y la cercanía que perciba con éste, pudiendo ocasionar la continuidad de creencias y valores de décadas y siglos pasados .

Partiendo de este ejemplo de los valores antioqueños, y relacionándolo con la historia de los discursos “psi”, considero importante que se pueden generar puntos de vista que permitan la interdisciplinariedad en el desarrollo de investigaciones que profundicen sobre los discursos y su influencia en la subjetividad, desde la unión de disciplinas como la sociología, la lingüística o la lógica y su aplicación en las problemáticas de los tratamientos “psi” y el malestar que puede generarse a raíz de valores heteronormados, en los que no se considera la otredad, o lo “femenino”.

Frente a estas implicaciones de la cultura, Bourdieu (s. f) explica, desde el concepto de “habitus” como puente entre la cultura, las instituciones y la subjetividad, que:

El habitus destraba el problema del sujeto individual al constituirse en el lugar de "incorporación" de lo social en el sujeto, lo que permite colocar al centro de la reflexión una subjetividad modelada, configurada y enmarcada por un conjunto de estructuras sociales objetivas de carácter histórico que el sujeto incorpora de acuerdo con el lugar social que ocupa en dicha estructura (citado en Reguillo 2007, p. 10)

Ahora, si se pensara al discurso paisa desde esta mirada, podría concluirse que hay identificaciones por parte de los sujetos con las construcciones históricas que han afectado de alguna manera la región antioqueña, y que si bien, las ideas presentadas a lo largo de este texto podrían interpretarse como prejuiciosas y moralistas, por el hecho de generalizar sobre un discurso y una región específica de un país, es claro que algo queda de ese discurso, como lo dice Lenis:

Es bien cierto que el arraigo a la cultura y el mantenimiento de sus valores por más de trescientos años, aislados y confinados entre sus riscos y hondonadas, han contribuido a las singularidades étnicas que distinguen al antioqueño y que han trascendido de generación en generación (Sección “El regionalismo antioqueño” párrafo 10)

 Y esto que se mantiene permite hacer una diferencia entre grupos sociales, sus valores y creencias, que al fin de cuentas, ofrecen al investigador y al psicólogo reconocer los puntos en los que puede trabajar y abordarlos con una mirada integral, profundizando en las problemáticas que vive el sujeto de una cultura, advirtiendo que hay relaciones con el discurso que limitan e impiden transformaciones con las que los sujetos puedan transitar su cotidianidad con mayor tranquilidad, asumiendo posiciones diferentes, como el cuidado de sí desde la ética, o, al menos el desarrollo de una vida a pesar de las exigencias de discursos hegemónicos.

             Para concluir este texto, considero que es bastante interesante reconocer algunos de los procesos históricos que han causado efectos y cambios en los discursos “psi” y que esto permite, en la práctica, desarrollar miradas críticas que hacen cuestionar el lugar y la función del profesional “psi” en la sociedad, en las instituciones y en lo “clínico”; permitiéndole aportar al enriquecimiento del vínculo social y a fomentar cambios éticos en las políticas y normas que se cumplen a rajatabla sin un sentido claro, más allá de disminuir la autonomía y promover la burocracia en los procesos de trabajo y producción.

 

Referencias.

Fernández, G. (8 de octubre de 2009) identidad y diferencia en el mundo contemporáneo. La (e)lección de Jemmy Button. http://laelecciondejemmybutton.blogspot.com/2009/10/mismidad-y-otredad-identidad-y.html

 

Lenis, R. (2014). El discurso de la identidad en el regionalismo antioqueño. Poiésis, 1(3). doi:https://doi.org/10.21501/16920945.1073

 

Reguillo, R. (2007). Pensar Ia cultura con y después de Bourdieu. En Contracampo, Brazilian Journal of Communication, 16, Universidade Federal Fluminense. https://rei.iteso.mx/handle/11117/5330

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